Buscar este blog

Neurocientíficos y filósofos discuten si el mundo existe

Puede que no creas que haya mucha coincidencia entre la neurociencia y la filosofía, pero eso no es lo que ve la filósofa Alva Noë. Donde los filósofos han debatido durante mucho tiempo cuánto debemos confiar nuestra percepción del mundo externo, los neurocientíficos operan sobre la suposición de que no debemos confiar en ella en absoluto. Según la neurociencia, dice Noé, es casi todo en tu cabeza.

Su mundo, a través de la lente empírica de la neurociencia, es una construcción que ha construido a partir de patrones que su cerebro ha identificado en experiencias sensoriales. No tan rápido, dice Noë.




Noë habla aquí sobre el color, pero podría hablar con facilidad del sonido. Como el color, no percibimos directamente las cosas que hacen ruido. Cuando se genera un sonido, provoca cambios en el aire circundante. Estas fluctuaciones en la presión del aire llegan a nuestros oídos, vibran nuestros tímpanos, y finalmente excitan miles de pelos diminutos, llamados cilios. Estos pelos producen lo que nuestros cerebros interpretan como sonido. Pero al igual que con la luz, un sonido también está formado por variables variables, como el espacio físico en el que se produce un sonido y la humedad del aire.

Hay una razón por la que los filósofos no pueden resolver este problema: Nuestra experiencia sensorial del mundo es una realidad que no podemos mirar hacia atrás para ver lo que realmente existe. Tal vez la neurociencia no debería estar tan segura.

Autor: Robin Berman
Fuente: Big Tink 

El silencio

 
Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra”, dijo el periodista y político Georges Clemenceau. Sin duda, el silencio puede decir muchas cosas sin decir nada, pero debemos tener mucho cuidado cuando lo utilizamos porque, en palabras del músico Miles Davis, “el silencio es el ruido más fuerte”.

Muchas personas utilizan el silencio como una herramienta para expresar su enojo, su inconformidad o simplemente para escarmentar a los demás. De esta manera, cuando se enfadan, “castigan” al otro dejándole de hablar. ¿Es una buena estrategia? ¿Qué se esconde realmente detrás de ese tipo de silencio?

 

¿Por qué algunas personas responden a los conflictos con el silencio?

Ante todo, es importante distinguir entre el silencio que nace del deseo de no discutir más, porque se ha comprendido que el conflicto ha llegado a un punto muerto y no se desea añadir más leña al fuego, y el silencio que se utiliza como espada para castigar o escarmentar al otro. 

La persona que recurre al silencio como castigo generalmente es porque no dispone de otros recursos psicológicos para enfrentar la situación. El silencio es su respuesta por varias razones:

- Cree que su interlocutor no le escucha, que no está abierto a su punto de vista, y utiliza el silencio para “obligar” a escucharle.

- Piensa que su interlocutor debe disculparse por su actitud o palabras, y utiliza el silencio como escarmiento.

- Cree que es inútil hablar del tema porque no se llegará a un acuerdo, de manera que usa el silencio para que el otro se sienta obligado a dar su brazo a torcer.

- Se siente profundamente ofendido, pero no quiere reconocerlo, y utiliza el silencio para que el otro recapacite.

- No desea abordar un tema sensible, por lo que culpa al otro y le castiga con el silencio, para que sea quien cambie.

Sea cual sea la razón, en el fondo este uso del silencio lo que persigue es doblegar al otro, es una especie de castigo a través del cual se culpa a la otra persona y se pone la responsabilidad de la relación en sus manos. Es como decir “no voy a decir nada más, tú verás qué haces, la responsabilidad última es tuya”. 

Esto significa que la persona que calla en realidad no tiene interés en resolver el conflicto mediante el diálogo, sino que tan solo quiere que el otro acepte su punto de vista.
 

Usar el silencio como castigo implica una actitud manipuladora y agresiva

Usar el silencio como castigo es una actitud infantil que no resuelve nada pues aunque brinda una gratificación egoísta para quien calla, deja un amargo sabor en la boca en su interlocutor y genera cicatrices en la relación. De hecho, poco a poco se instaura una relación de manipulación emocional, donde uno es sometido a través del silencio.

No hay dudas de que el silencio puede tener múltiples significados, pero usarlo como castigo implica una actitud pasivo-agresiva. Es decir, dejar de hablarle a otra persona es una agresión velada. De hecho, en algunos casos este tipo de silencio puede dejar cicatrices más profundas que una agresión verbal directa porque el silencio es un vacío susceptible de cualquier tipo de interpretación.

Debemos recordar que la distancia emocional que impone el silencio no es la mejor manera para resolver los conflictos y acortar las distancias. La comprensión se logra a través del diálogo, no mediante el uso de silencios cortantes que ahondan las diferencias.

Si bien es cierto que en algunos casos el silencio puede funcionar y la otra persona se disculpará y dará su brazo a torcer, en última instancia esta táctica solo generará rencor y problemas ya que el conflicto en realidad no se ha solucionado, solo se ha encubierto.

 

¿Cómo se siente la persona que sufre el “tratamiento de silencio”?


El silencio puede ser interpretado de muchas formas, pero normalmente lo interpretamos de la peor manera posible. Un metaanálisis realizado en la Universidad de Texas que incluyó los resultados de 74 estudios en los que participaron 14.000 personas llegó a la conclusión de que el silencio suele ser muy destructivo en las relaciones de pareja ya que las personas lo interpretan como una falta de implicación del otro y un intento de someterlos emocionalmente. 

Estos psicólogos apreciaron que el uso del silencio como castigo es común en las parejas y es uno de los factores que conducen al divorcio porque estas personas no solo se sienten menos satisfechas con la relación, sino que además perciben a su pareja más distante emocionalmente.

De hecho, uno de los problemas es que quien recibe el tratamiento silencioso se sentirá cada vez más frustrado por la falta de respuesta e implicación del otro, lo que la relación será cada vez más tirante y se producirán más roces.

La persona que es víctima del tratamiento del silencio se sentirá confundida, frustrada y hasta culpable. Es probable que también se sienta sola e incomprendida. Obviamente, estos sentimientos no contribuyen precisamente a mejorar la relación y solucionar el conflicto, al contrario, crean una brecha cada vez más grande.

 

Los usos positivos del silencio


A veces es mejor callar, como por ejemplo:

- Cuando estamos demasiado enojados y nos damos cuenta de que podemos decir cosas de las que después nos arrepintamos.

- Cuando nuestro interlocutor está demasiado exaltado y la discusión está degenerando.

- Cuando se utiliza como una pausa en la discusión para que el otro reflexione sobre sus palabras.

La diferencia entre estos usos positivos del silencio y el silencio usado como castigo es que existe respeto hacia el otro y no se pretende doblegar o herir a nadie.

En cualquier caso, es importante asumir que el silencio es un dardo vacío que puede adquirir múltiples significados, por lo que si la otra persona realmente nos importa, lo mejor es decir de manera asertiva lo que pensamos y sentimos. Así no habrá lugar para malentendidos.

De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Lovaina comprobó que el silencio no ayuda a que los problemas desaparezcan o los olvidemos, todo lo contrario, refuerza el problema. Estos psicólogos comprobaron que la mejor manera para dejar atrás los conflictos consiste en hablar de ellos.


Fuentes:
Rincon de psicologia
Schrodt, P. et. Al. (2014) A Meta-Analytical Review of the Demand/Withdraw Pattern of Interaction and its Associations with Individual, Relational, and Communicative Outcomes. Communication Monographs; 81(1): 28-58.
Stone, C. B. et. Al. (2012) Toward a Science of Silence. The Consequences of Leaving a Memory Unsaid. Perspect Psychol Sci; 7 (1): 39-53.

Parábola budista que nos enseña que para ser feliz, debemos aprender a ignorar a muchas personas

Resultado de imagen para monje budista soloLas relaciones interpersonales son una enorme fuente de satisfacción y felicidad. También son la principal causa de insatisfacción e infelicidad. No nos debe extrañar ya que todos los fenómenos y situaciones con las que lidiamos tienen dos caras, generalmente antagónicas. Por eso, una de las claves para ser feliz es aprender a ignorar las palabras, actitudes y comportamientos de muchas personas. 

De hecho, hay ocasiones en las que ignorar es una cuestión de salud mental porque hay actitudes que pueden llegar a desestabilizarnos o nos obstaculizan tanto que nos impiden avanzar y alcanzar nuestro potencial. Darnos cuenta de que estamos alimentando relaciones tóxicas, donde nosotros mismos somos los principales perjudicados, es el primer paso para salir de la tela de araña en la que nos hemos metido.

 

Ignorar es un arte 

Se cuenta que en una ocasión, un hombre se acercó a Buda y, sin decir palabra, le escupió a la cara. Sus discípulos se enfurecieron.

Ananda, el discípulo más cercano, le pidió a Buda:

- ¡Dame permiso para darle su merecido a este hombre!

Buda se limpió la cara con serenidad y le respondió a Ananda:

- No. Yo hablaré con él.

Y uniendo las palmas de sus manos en señal de reverencia, le dijo al hombre:

- Gracias. Con tu gesto me has permitido comprobar que la ira me ha abandonado. Te estoy tremendamente agradecido. Tu gesto también ha demostrado que a Ananda y a los otros discípulos todavía pueden invadirle la ira. ¡Muchas gracias! ¡Te estamos muy agradecidos! 
 

Obviamente, el hombre no daba crédito a lo que escuchaba, se sintió conmocionado y apenado.

Esta parábola nos muestra qué significa exactamente ignorar, una palabra que a menudo tiene una acepción negativa y que puede hacer que nos sintamos “malas personas” por ignorar a los demás.

Ignorar es simplemente no permitir que las palabras, actitudes y comportamientos dañinos de los demás hagan mella en nuestro equilibrio interior. No es necesario recurrir a la violencia velada ni hacer malas acciones, consiste simplemente en crear una capa protectora a tu alrededor. 

Se trata de aprender a ignorar a ciertas personas en ciertos momentos, ni siquiera es necesario alejarse de ellas porque, al fin y al cabo, todos tenemos luces y sombras. Ignorar no es una forma de venganza ni una manera para hacer sentir al otro inferior, es tan solo una manera de protegerte.

 

Las 3 situaciones que debes aprender a ignorar

1. Las críticas destructivas. Cuando las críticas no tienen la intención de ayudarnos a mejorar sino tan solo de desmotivarnos o hacernos sentir inferiores, deberíamos hacer caso omiso de ellas. No dejes que otras personas te juzguen sin haber caminado con tus zapatos. Y mucho menos dejes que sus críticas te dañen.

2. Las malas acciones. Si una persona te hace una mala acción, no permitas que esta altere tu equilibrio psicológico porque entonces habrá logrado su objetivo. Recuerda que solo puede dañarte aquello a lo que le confieres poder. Anota la mala acción, reestructura tus expectativas sobre esa persona y sigue adelante.

3. Las manipulaciones. Algunas personas intentarán controlarte a través de la manipulación emocional. Es importante que seas consciente de ello y que aprendas a obviar los comentarios que hacen leva en tu sentido de la responsabilidad, tus sensaciones de culpa o incluso tu cariño, para hacerte tomar decisiones que de otra manera no tomarías. Cuando aprendes a ignorar ese tipo de comentarios, puedes ser verdaderamente libre para decidir cada paso en tu vida.

 

Construye tu escudo protector a través de la “Aceptación Radical”

Estamos tan acostumbrados a reaccionar que nos resulta espontáneo enfadarnos cuando alguien nos hace una mala acción o entristecernos cuando nos critican. De hecho, estas reacciones son normales, tampoco pretendemos ser como el Buda de la historia, el problema es cuando duran más de lo que deberían y terminan causándonos daño.

Aprender a ignorar es un proceso que requiere entrenamiento, así como un cambio de actitud profunda. Aunque puede parecer un contrasentido, para ignorar con eficacia no es necesario encerrarse dentro de sí sino todo lo contrario: abrirse por completo al mundo. Una técnica sencilla y muy potente para lograrlo es la “aceptación radical”.

Esta técnica forma parte de la Terapia Dialéctica Conductual, desarrollada por la psicóloga de la Universidad de Washington Marsha M. Linehan, y se enfoca en la regulación emocional potenciando habilidades como la tolerancia ante la angustia y la conciencia plena, por lo que también sientan sus bases en la filosofía budista.

La aceptación radical implica aceptar algo completamente, sin juzgarlo. En práctica, muchas de las cosas que dicen o hacen los demás nos molestan y desequilibran porque no se corresponden con nuestras expectativas, porque de cierta forma nos negamos a aceptar esas palabras, actitudes o comportamientos. Esa negación es la llama que alimenta la frustración, el rencor, el odio o la tristeza.

Cuando practicas la aceptación radical simplemente asumes lo que ha ocurrido, sin entrar en juicios de valor. Al asumir una distancia psicológica creas un escudo a tu alrededor que te brinda la oportunidad de responder a esa situación de manera que no te pase una factura emocional.


Fuente:
Robins, C. J. et. Al. (2004) Dialectical behavior therapy: Synthesizing radical acceptance with skillful means. En Mindfulness and acceptance: Expanding the cognitive-behavioral tradition (30-44). Nueva York: Gilford Press.

Indefensión aprendida: Una brutal cárcel psicológica


Cuando nos ocurren cosas negativas, nos gusta creer que podemos cambiarlas, influir en su curso y darles un vuelco positivo. Sin embargo, no siempre es así, y cuando las personas sienten que no tienen control sobre lo que les sucede, tienden a renunciar y aceptar su destino. Es lo que se conoce como indefensión aprendida, o desesperanza aprendida, una de las peores cosas que nos pueden ocurrir y de la que nadie está a salvo.

¿Qué es la indefensión aprendida?

La indefensión aprendida es el convencimiento de que, hagamos lo que hagamos, no obtendremos un resultado distinto. Es una prisión psicológica brutal que nos desconecta por completo de la realidad y bloquea cualquier posibilidad de cambio o liberación. Lo peor de todo es que ese primer aprendizaje se quedará impreso en nuestro cerebro, dejando una huella que influirá en la forma de percibirnos a nosotros mismo y al mundo.

Los primeros estudios sobre la indefensión aprendida se realizaron en animales. El psicólogo Martin Seligman apreció que cuando estos eran sometidos continuamente a estímulos negativos y no tenían la posibilidad de escapar, en cierto punto simplemente dejaban de intentar evitar el estímulo, se rendían y se comportaban como si estuvieran completamente indefensos. Lo peor de todo es que cuando se les daba la oportunidad de escapar no la aprovechaban, porque en el pasado habían aprendido que no tenían escapatoria. 

El cuento del elefante encadenado de Jorge Bucay refleja exactamente qué es la indefensión aprendida:

“De pequeño me encantaba el circo. Me encantaban los espectáculos con animales, y el animal que más me fascinaba era el elefante. Me impresionaban sus dimensiones y su enorme fuerza. Sin embargo, después de la función, cuando salía de la carpa, me asombraba ver el animal atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que le aprisionaba una de las patas. La cadena era gruesa, pero la estaca era un pequeño trozo de madera clavado a pocos centímetros de profundidad. Era evidente que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo, podía tirar de aquel tronco y escapar.

—¿Por qué no la arranca y huye? — pregunté a mis padres.

Me contestaron que era porque estaba amaestrado. La respuesta no me satisfizo. “Si estaba amaestrado, ¿por qué lo tenían atado?”, le pregunté a parientes y maestros. Pasó mucho tiempo hasta que alguien muy sabio me dio una respuesta convincente: “El elefante del circo no se escapa porque está atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño”.

Entonces me imaginé el elefante recién nacido atado a una estaca. Seguro que el animal tiró y tiró intentando liberarse. Debía terminar el día agotado porque aquella estaca era mucho más fuerte que él. Al día siguiente debía volver a probar sin obtener resultados y al tercer día igual. Y así hasta que un día terrible el elefante aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Desde entonces, el elefante tenía grabado el recuerdo de su impotencia. Y lo que es peor, nunca más volvió a cuestionarse ese recuerdo y no volvió a poner a prueba su fuerza”.

Sin embargo, la indefensión aprendida no es exclusiva del reino animal, a menudo a las personas nos ocurre lo mismo, por lo que no somos capaces de percibir y aprovechar las oportunidades de cambio o alivio cuando estas se presentan. Podemos vivir encadenados a estacas que nos quitan libertad, sobre todo cuando pensamos que no somos capaces de hacer determinadas cosas simplemente porque una vez no lo conseguimos. En aquel momento nos grabamos en la mente el mensaje “no podemos lograrlo”. De hecho, es una situación bastante común en la depresión y en las víctimas de violencia.

¿Por qué somos incapaces de reaccionar ante ciertas situaciones?

Martin Seligman explica que somos incapaces de reaccionar ante situaciones dolorosas porque en cierto punto del camino y después de haber intentado cambiar el curso de las cosas sin obtener los resultados previstos, nos inhibimos y caemos en un estado de pasividad. En otras palabras, cuando nos sentimos desamparados y creemos que no hay solución, tiramos la toalla, hasta tal punto que somos incapaces de ver las oportunidades de cambio que se presentan en nuestro camino. Es como si nos colocáramos la venda del pasado en los ojos y dejamos que esta determine nuestro futuro.

De cierta forma, la desesperanza aprendida es una especie de mecanismo de adaptación psicológica ya que llega un punto en el que las fuerzas nos abandonan y no somos capaces de seguir procesando tanto dolor y sufrimiento, de manera que disminuímos el nivel de activación para conservar los pocos recursos que nos quedan. De hecho, la incapacidad para reaccionar siempre es el resultado de un profundo deterioro psicológico.

Los síntomas de la indefensión aprendida

En la indefensión aprendida se afectan cuatro áreas fundamentales: motivacional, cognitiva, emocional y comportamental, lo cual da lugar a una serie de pensamientos, sentimientos y comportamientos característicos.

- La persona ha perdido la motivación para seguir luchando, ha tirado la toalla rindiéndose ante las circunstancias. En otras palabras, asume el rol y la mentalidad de la víctima, lo cual se manifiesta a nivel conductual a través de una profunda apatía.

- La persona no aprende de los errores, cree que no puede hacer nada para mejorar su situación y asume su destino como inmutable. Los errores dejan de ser herramientas de crecimiento y se convierten en demostraciones de la fatalidad.

- La persona se sume en una profunda depresión, desarrolla una visión pesimista del mundo y  de desesperanza, asumiendo que es incapaz de salir de esa situación. A menudo puede sentirse como hojas movidas por el viento o marionetas del destino.

- La persona no toma decisiones importantes pues considera que no puede cambiar el curso de su vida y que no tiene ningún control, como resultado se encierra en sí misma y sufre pasivamente las circunstancias.

De hecho, la indefensión aprendida se ha asociado con diferentes trastornos psicológicos, como la depresión, la ansiedad y las fobias. Por ejemplo, una persona tímida en situaciones sociales puede empezar a sentir que no puede hacer nada para mejorar sus síntomas. Esa sensación de falta de control puede conducirla a evitar las situaciones sociales, lo cual puede empeorar su timidez y desencadenar una fobia social.

¿En qué contextos se manifiesta la indefensión aprendida?

La desesperanza aprendida se puede apreciar prácticamente en todos los ámbitos de nuestra vida, desde el profesional hasta el social y el personal. En el terreno profesional es muy común ya que en muchos contextos de trabajo se ponen muchas trabas al cambio. Cuando una persona ha propuesto nuevas ideas y todas han sido rechazadas, termina adaptándose a su papel y se convierte en un empleado pasivo y desmotivado.

También se aprecia en el plano personal, sobre todo en aquellas personas a las que les pusieron muchas limitaciones o etiquetas cuando eran niños y no les enseñaron a lidiar con los fracasos. Si una persona crece con la idea de que es incapaz, arrastrará esa idea durante gran parte de su vida y se convertirá en un lastre para su desarrollo. Por eso, frases como “ni siquiera lo intentes porque no lo vas a conseguir” o “no eres capaz de nada” se convierten en una lápida que daña la autoestima y la dignidad. Quien las ha escuchado durante toda su infancia, no solo le tendrá pavor a los retos sino que tampoco será capaz de detectar las buenas oportunidades.

Por supuesto, también ocurre a nivel social, cuando se instaura la creencia de que hagamos lo que hagamos, nada va a cambiar, de manera que nos resignamos al sistema político, económico y social. De hecho, el refrán “más vale malo conocido que bueno por conocer” refleja a la perfección el concepto de indefensión aprendida.

El multigalardonado vídeo "Wind", del director Robert Lobel, es perfecto para comprender la indefensión aprendida a nivel social con un toque de humor. Es importante estar atentos a este tipo de indefensión aprendida ya que cuando ese sentimiento es compartido por muchas personas, termina convirtiéndose en un destino nefasto que nadie se cuestiona.
 
 

La tolerancia al fracaso nos protege de los sentimientos de desesperanza

Todas las personas no reaccionan de la misma manera ante la adversidad, hay quienes desarrollan una indefensión aprendida y otras se hacen más resilientes. La clave radica en los recursos de afrontamiento que seamos capaces de activar en esos momentos.

Por eso, el propio Seligman defiende la necesidad de fracasar. Necesitamos sentirnos tristes, enfadados y frustrados. Protegernos de esas emociones nos vuelve más vulnerables a ellas porque no aprendemos a perseverar.

La capacidad para ser resilientes se basa, fundamentalmente, en la confianza en nuestra capacidad para salir airosos de la adversidad, y solo se desarrolla cuando tenemos la posibilidad de luchar y convertirnos en los artífices de nuestra vida. Desarrollar un locus de control interno es fundamental para resistir los peores embates ya que nos permite ser conscientes de que, aunque las circunstancias influyen, en última instancia no determinan el rumbo. 

Aprender a intervenir en el medio en el que nos desenvolvemos y obtener resultados, ya sean positivos o no, nos permite comprender que tenemos cierto grado de control y que las variables externas no siempre son las máximas responsables de lo que nos ocurre. Después de todo, siempre podemos elegir la manera en la que reaccionamos ante las situaciones. 

La indefensión aprendida no es una sentencia de por vida. Debemos recordar que nada es eterno, aunque cuando estemos pasando por una mala racha todo nos resulte gris. El cambio se produce cuando comenzamos a tomar conciencia, reconstruir la autoestima y encontrar un nuevo sentido a la vida, de manera que podamos ir recuperando el poder poco a poco.


Fuentes:
Chang, E. C. & Sanna, L. J. (2007) Affectivity and psychological adjustment across tow adult generations: Does pessimistic explanatory style still matter? Personality and Individual Differences; 43: 1149–1159.
Garber, J. & Seligman, M.E. (1980) Human Helplessness: Theory and Applications. Nueva York: Academic Press.
Seligman, M.E.; Maier, S.F. & Geer, J. (1968) The alleviation of learned helplessness in dogs. Journal of Abnormal Psychology; 73: 256-262.
Seligman, M. E. & Maier, S. F. (1967) Failure to escape traumatic shock. J Exp Psychol; 74(1): 1-9.
Rincon de Psicologia
 

Estudio de neurociencias revela cómo la información amenazadora invade la memoria de trabajo de personas ansiosas

 

Las personas ansiosas tienden a percibir su mundo de una manera más amenazadora. Ahora, un equipo de neurocientíficos han arrojado nueva luz sobre por qué los cerebros de individuos ansiosos tienden a asignar mal recursos de memoria para procesar información relacionada con amenazas.
"Nuestros hallazgos pueden ayudar a explicar las razones por las cuales la gente continúa preocupándose, rumiando, mantenerse vigilante o sentirse angustiado mucho tiempo después de que ocurra un evento negativo", comentó el investigador Daniel M. Stout del VA San Diego Healthcare System.
El estudio fue publicado en la revista Scientific Reports el 18 de agosto de 2017.
"La ansiedad y los trastornos depresivos son muy comunes, difíciles de tratar y representan una enorme carga para la salud pública. Tener una personalidad ansiosa se asocia con el desarrollo de futuros trastornos psicológicos ", explicó Stout.
"Estábamos interesados ​​en este tema porque no comprendemos por qué las personas con una disposición ansiosa, como aquellas con trastorno de ansiedad o depresión, experimentan altos niveles de angustia emocional en ausencia de amenaza inmediata y pasan mucho tiempo pensando sobre los peligros potenciales en situaciones objetivamente seguras ".
"Estos tipos de síntomas son particularmente perniciosos porque infligen su daño cuando necesitamos centrarnos en la tarea de la mano o en momentos en que no queremos que ellos (por ejemplo, durante una reunión en el trabajo, hablando con sus seres queridos , al intentar quedarse dormido por la noche). Si podemos entender lo que subyace a estos síntomas y los mecanismos cerebrales involucrados, podemos estar mejor capacitados para reducir el sufrimiento que muchas personas con altos niveles de ansiedad reportan ".
"Trabajos anteriores de nuestro grupo usando la tecnología de EEG sugirieron que esto podría reflejar problemas con cómo los individuos ansiosos procesan la información relacionada con amenazas en la memoria de trabajo", explicó Stout. "La memoria de trabajo es un sistema de memoria a corto plazo que guía los pensamientos y los comportamientos en curso. Es el sistema de memoria que nos ayuda a recordar cosas mientras hacemos una tarea, como recordar un número de teléfono al marcarlo ".
"Si la información relacionada con la amenaza obtiene acceso o" contamina "la memoria de trabajo, puede ejercer una influencia negativa en nuestros pensamientos y acciones. Por ejemplo, ver un correo electrónico que le informa que una factura es debido puede dar lugar a una mayor ansiedad y pensamientos intrusivos sobre problemas financieros; provocando una reacción en cadena de preocupación incontrolada que abarca todo el día.
"Otro aspecto importante de la memoria de trabajo es que su capacidad es limitada, por lo que sólo podemos mantener una cantidad finita de información en línea en la memoria de trabajo en un momento dado", dijo Stout. "Por lo tanto, si su memoria de trabajo está funcionando en los pensamientos relacionados con la preocupación, entonces hay menos capacidad de memoria de trabajo disponible para atender las tareas importantes para su trabajo o actividades que está tratando de completar".
"El objetivo de nuestro estudio fue utilizar imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para entender cómo diferentes regiones del cerebro pueden estar involucrados en permitir que la información amenazante para entrar en la memoria de trabajo innecesariamente en las personas que tienden a ser ansioso", dijo Stout.
En el estudio de 81 adultos jóvenes, Stout y sus colegas observaron que los individuos más ansiosos tenían más probabilidades de asignar recursos de memoria de trabajo a la información relacionada con amenazas. Esta mala asignación se relacionó con una mayor reactividad en la amígdala, que se encuentra en el fondo del cerebro y se sabe que desempeña un papel clave en los trastornos de ansiedad.
"Encontramos pruebas de que las personas ansiosas dedicaban más recursos de procesamiento cerebral, especialmente en partes del cerebro involucradas en la memoria de trabajo, como la corteza prefrontal y parietal, a estímulos de amenaza que se suponía que ignoraban en lugar de recordar", explicó Stout. "Esto sugiere que mientras que las personas no ansiosas pueden prevenir con éxito esta amenaza información que no está relacionada con la tarea a mano de entrar en la memoria de trabajo, las personas ansiosas no son efectivamente ignorar esta información".
"Así, incluso las amenazas que deben ser ignoradas o no son relevantes para completar la tarea a la mano ocupan valioso espacio de memoria de trabajo y pueden conducir a pensamientos más relacionados con la ansiedad e interferir con la capacidad de completar las tareas necesarias".
El estudio proporciona un valioso punto de partida para la investigación sobre el vínculo entre los procesos de memoria de trabajo y la ansiedad.
"Hay que hacer más trabajo. Todavía no sabemos si los patrones observados aquí predicen quién pasará a desarrollar un trastorno de ansiedad o depresión en el futuro ", explicó Stout a PsyPost.
"Además, la hipótesis de que una vez que esta información de la amenaza entra en la memoria de trabajo que puede tener consecuencias aguas abajo, tales como conducir a pensamientos más ansiosos y la ansiedad creciente. Sin embargo, esto todavía no se ha probado. Si ese fuera el caso, entonces el diseño de tratamientos que ayudarían a las personas ansiosas a ignorar mejor las amenazas potenciales y evitar que se lastimen en la memoria de trabajo sería potencialmente útil para aliviar la ansiedad ".

Además de Stout, el estudio titulado "Los circuitos neuronales que gobiernan la mala distribución de la memoria de trabajo por los individuos ansiosos", también fue coautor de Alexander J. Shackman, Walker S. Pedersen, Tara A. Miskovich y Christine L. Larson .

Autor: Eric W. Dolan
Fuente: psypost.org